CARDENAL PORRAS: ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO A REPARTIR O NO LA COMUNIÓN EN MEDIO DE LA PANDEMIA

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Foto: Alejandro Pernía

18 de abril de 2020

Queridos hermanos:

Qué bueno que las circunstancias nos inviten a reflexionar y buscar, encontrar, respuestas adecuadas a las necesidades y urgencias de nuestra gente.

Es sano, e indica hambre de la eucaristía, el que demanden recibir sacramentalmente al Señor. Es indicativo de una fe que necesita ser alimentada y reconfortada. Pero, no deja de ser también, una necesidad de bálsamo en medio de la incertidumbre que vivimos, lo cual, tampoco está mal.

Ello generó el que se solicitara la repartición de la comunión, de parte del sacerdote o de algunos ministros, yendo casa por casa, al menos los domingos. Buen deseo, sin duda alguna.

¿Cómo acompañar esta necesidad con la situación de pandemia?

1.- En primer lugar, indicando a la gente que estamos viviendo una situación especial, de emergencia, que nos obliga a valorar lo esencial, y a tener conciencia de que la celebración eucarística es necesaria, y en comunidad real, y que la comunión sacramental es parte de ella.

2.- Me parece que no hay que insistir en que la “comunión espiritual” es solo o principalmente en el momento de la comunión. Toda la celebración virtual, por las circunstancias, nos pone en “comunión espiritual” con hambre y necesidad de pedir que pase la pandemia para que tenga sentido comunitario real, la celebración.

3.- Creo que es una oportunidad para darle su puesto central a la Palabra de Dios, cosa que todavía entre nosotros no ha sido suficientemente introyectada. Si bien el Concilio en la Dei Verbum y más reciente el Papa Benedicto en Verbum Domini (2010), nos invitan a darle la centralidad que tiene la Palabra. Nuestra gente insiste en recibir la comunión sacramental pero no tanto en recibir la Palabra también en su dimensión sacramental.

4.- “La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia” (Dei Verbum 21).

5.- Los invito a leer con detenimiento los comentarios del Padre Pedro Trigo: Según la cita, pan de vida son, tanto las Sagradas Escrituras, sobre todo los evangelios, que para nosotros los cristianos son su corazón, como el Cuerpo de Cristo. Es decir, en ambas mesas se comulga realmente con Jesús de Nazaret. La propuesta del Concilio es que en la Cena del Señor vayan juntas. Ahora bien, van en orden: primero la contemplación discipular de los evangelios y luego la recepción del cuerpo y la sangre de Jesús. Todavía nos falta mucho para que en la mayoría de las celebraciones de la Cena del Señor el pan de la Palabra tenga tal densidad que la recepción de Jesús en el pan y el vino sea la recepción consciente de la persona concreta de Jesús de Nazaret.

6.- En la Dei Verbum del papa Benedicto XVI, leemos “Lo que se afirma genéricamente de la relación entre Palabra y sacramentos, se ahonda cuando nos referimos a la celebración eucarística. Además, la íntima unidad entre Palabra y Eucaristía está arraigada en el testimonio bíblico (cf. Jn 6; Lc24), confirmada por los Padres de la Iglesia y reafirmada por el Concilio Vaticano II” (54).

7.- Y en el número siguiente: “Conviene, por tanto, tener siempre en cuenta que la Palabra de Dios leída y anunciada por la Iglesia en la liturgia conduce, por decirlo así, al sacrificio de la alianza y al banquete de la gracia, es decir, a la Eucaristía, como a su fin propio». Palabra y Eucaristía se pertenecen tan íntimamente que no se puede comprender la una sin la otra: la Palabra de Dios se hace sacramentalmente carne en el acontecimiento eucarístico. La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico. En efecto, sin el reconocimiento de la presencia real del Señor en la Eucaristía, la comprensión de la Escritura queda incompleta” (55).

8.- Es la oportunidad de ensayar la práctica de la “lectio divina”. Hay buenos subsidios, y algunas diócesis están dando cursos de biblia en estos días a través de las redes. Aprovechemos así para alimentar a nuestra gente con el suave manjar de la Palabra.

9.- Sentir hambre de la eucaristía es un buen síntoma de lo que anhelamos. Tengamos en cuenta que lo de la comunión sacramental frecuente y/o diaria es relativamente reciente. La permitió o incentivó el Papa Pío X, si mal no recuerdo en 1905 o 1906. Pero esto no se difundió rápidamente. Sirva de ejemplo esta anécdota de mi papá q.e.p.d., él me dijo muchas veces que no le insistiera en lo de comulgar todos los días porque no lo iba a hacer. Por qué? Sencillamente porque cuando lo prepararon para la primera comunión los padres salesianos de Táriba, hacia finales de la década de 1920, le enseñaron que la comunión era algo muy sagrado y no se podía recibir sin más todos los días. Que había que confesarse todos los domingos…etc,… Digo esto, para que tengamos en cuenta que hay que insistir en otros aspectos complementarios e importantes en torno a la sacramentología.

10.- Segundo. Estar en disposición interna de recibir la comunión sacramental y no poder por las circunstancias es una buena ocasión para valorar más y mejor la necesidad del sacramento. Pidamos el maná, pero no solo como un regalo caído del cielo. Supone y exige, disposición y entrega. Si no, tenemos el peligro de actuar como los judíos en el desierto… estamos cansados de comer lo mismo y preferimos adorar a otros dioses. Aquí es donde hay que unir la Comunión con lo que le da sentido, la Palabra.

11.- Tercero. Es importante acompañar las necesidades de la gente, pero tenemos también la obligación de cuidarnos para poder cuidar a los demás. Se señalan los médicos y sanitarios que han fallecido por atender a los enfermos, a pesar de cumplir con una serie estricta de protocolos. Pero no se publicita el número de sacerdotes capellanes que han muerto por atender a los pacientes. Y su número es considerable en España e Italia.

12.- Si, Dios no quiera, alguno de nosotros o de los ministros se contagian, y/o mueren, imagínense lo que nosotros mismos diríamos, y lo que otros sectores y la prensa nos achacarían de irresponsables y cómplices de regar el virus.

13.- Cuarto. Ciertamente tendemos a pensar que en cada lugar es distinto. Y no deja de ser cierto. Pero no lo es menos que el virus está o puede estar incumbando en todo el territorio. No seremos una excepción a lo que dicen los analistas sobre el tema. Insistir en que la mejor manera de estar “en comunión” es respetando la cuarentena, en primer lugar. Y, además, en lo que podemos hacer y servir a nuestro entorno familiar o grupal. Hay que salir, seguramente, para comprar lo necesario o  para hacer cola para la gasolina u otra eventualidad, pero hay que hacerlo con prudencia, sin exponernos y sin exponer a los que viven con nosotros.

14.- Quinto. No disgustarse por lo que opinen algunos. Nos puede incomodar, pero no caigamos en una diatriba inútil. Pensemos en que lo hacen de buena voluntad. Aunque también es muy conveniente no estar dando juicios de valor, o enviando mensajes que en lugar de ayudar entorpecen. Lo mejor es acompañar y no convertirnos en maestros. He visto algunos videos y mensajes que distan mucho de ser para acompañar, pues son “clases magistrales” que no sirven para generar madurez y protagonismo. Es lo que el Papa entre otros nos señala como clericalismo.

15.- Sexto. La situación que estamos viviendo es una escuela, nos convierte en discípulos, así no lo creamos. La obligación nuestra es aumentar la capacidad de escucha, de acompañamiento, de silencio, sabiendo que lo primero es ser misionero. Salir de nosotros, de nuestras “comodidades” o pensamientos, y ser bálsamo oloroso que sane heridas y dé la calma necesaria para avistar el futuro que nos espera, en el que tenemos la obligación de ser sembradores de esperanza. No nos precipitemos, ni esperemos que haya normas desde arriba, ni nos convirtamos en señores feudales que hagamos lo que nos parezca.

16.- Les anexo, un texto del Papa, en la homilía en Santa Marta en estos días. Que el Señor nos dé sabiduría y entendimiento, que “frecuentemos” el futuro dándole sentido a este presente turbio.

Les he enviado el último número de Vida Nueva. No tiene desperdicio. Son 60 páginas con materiales para compartir con nuestra gente, para meditación personal y para orar. El pliego trae las palabras del Papa en esta pascua con pandemia, plan para resucitar.

Dios los bendiga, fraternalmente +Baltazar