P. José Roumaldo Godoy Mora: un discípulo y maestro de la fe

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P. Rafael Andrés Borges, sdb

Vivir la experiencia de la despedida final del padre Godoy, fue como una inmersión en la fecundidad de la vida cristiana.
Muchas novedades, comenzando por su nombre: Roumaldo; aunque lo conocíamos como Romualdo y en su familia lo llamaban Régulo.
Un religioso, salesiano sacerdote, y también cófrade insigne de la Sociedad San Benito de Palermo, fundada en Timotes 11 días después de su nacimiento, el 29 de diciembre de 1944.
Su humilde casa de hogar, donde nació, todavía se conserva; a la orila del Motatán, en el fértil valle de Mucurujún, custodiado por sendas montañas parameras, testigos silentes de la más antigua tradición timotocuica, con un cielo de carpa acogedora e inspiradora de sueños y de vida laboriosa.
Como Juanito Bosco, también Régulo recorría en cuesta varios kilómetros para ir a la escuela o a la iglesia, suecos en los pies y zapatos bonitos en una mochila, para cambiarlos antes de entrar.
La novedad de ver a una familia en duelo, acompañada por todo un pueblo en gratitud, porque el querido difunto, más que de los Godoy Mora, es de todos; él se dejó querer por todos y con todos fue siempre sacerdote ejemplar, reconocido por su sencillez, su humildad y su piedad: sacerdote bueno y preparado, que siempre fue otro paisano sanbenitero.
La veneración ofrecida al esperado difunto es tan pulcra y respetuosa, hecha de sentimiento dolido y de admiración: se parece al tratamiento a un santo.
En esa veneración de un pueblo que camina, llevando en hombros a su ciudadano ilustre, se veía y oía lo que estaba ocurriendo: «vienen con alegría, cantando vienen los que caminan por la vida sembrando tu paz y amor».
Obispos peregrinos por las calles de Timotes, hombro a hombro con clérigos, religiosas y el pueblo fiel de Dios: familias enteras, ancianos venerables -compañeros de Régulo en la escuela y en las travesuras por esas laderas andinas y las riberas del río -; jóvenes penitentes del padre flaquito que predicaba bonito y daba buenos consejos; vasallos de San Benito que recuerdan al Padre Socio que siempre preguntaba ¿cómo estás?.
Todos caminando en un cortejo fúnebre excepcional, hecho de colorido, comparsas con ritmo ancestral de tambor solemne y maracas para marcar el paso, como cuando el Padre Godoy danzaba devoto con las comparsas.
El sucederse de celebraciones eucarísticas, con devota participación: el lunes, de noche, apenas llegados de Caracas, a esas altas horas y sin luz, hecho el primer recorrido, llevando en hombros al querido Padre José, se celebró una primera Misa, presidida por el P. Amílcar Lobo, Párroco de Timotes. Transcurrida la noche en vigilia de rezos, cantos y conversaciones de viva remembranza, temprano a las 6.00 am, una Misa mañanera con el P. Wilfredo Garciía, sdb. Después de un segundo trasladado hacia el centro del pueblo, el P. Francisco Javier Contreras sdb presidió una Misa, siempre nutrida la asamblea, respirando un clima de veneración y gratitud por el querido Padre difunto.
Un tercer traslado, ahora a la Basílica Menor, sede de la Parroquia Santa Lucía, para una Misa solemne, presidida por el P. Jesús Abraham Dávila sdb, concelebrada con los sacerdotes salesianos presentes, además de los anteriores, también el P. Ramón Alvarez, el P. Nelson Briceño, junto al clero diocesano venido de los pueblos cercanos a Timotes.
En esa misma Basílica, a horas de mediodía, el Acto solemne de Reconocimientos y Acuerdos; fue el momento para pronunciar los testimonios, honores y discursos en la honrosa memoria del P. José Romualdo Godoy Mora, hijo ilustre de Timotes.
Presentes Su Eminencia Mons. Baltazar Cardenal Porras, Sus Excelencias Mons. Enrique Parravano y Mons. Luis Enrique, con representación del Clero caraqueño, junto a todo el pueblo congregado, se hizo cuarto recorrido por las calles, sienpre con las comparsas, hasta llegar al Santuario de San Benito de Palermo para la Solemne Eucaristía antes de la sepultura.
Una liturgia espléndida en su participación, con el esmero de los signos y cantos preparados; el ritmo de maracas y tambores dejaron espacio a la voz de Dios en su Palabra, en las oraciones y en la homilía de Su Eminencia: nos presentó algunos rasgos del perfil bautismal del paisano sacerdote salesiano sanbenitero, a quien reconoció como Discípulo y Maestro de la fe.
Rezado el Responso con un solemne ritual, los sacerdotes concelebrantes tomaron en hombros el cuerpo del bienaventurado hermano, para llevarlo a un último recorrido; en las puertas del Santuario, entregarin el féretro a los Vasallos de San Benito y a los Custodios de su Reliquia, y con las Comparsas y todo el pueblo timotense, se hizo el último camino alrededor de la plaza, para dirigirse de nuevo al Santuario, a cuyas puertas sonaron 74 campanadas, en recuerdo de los años de vida del Padre Godoy. Las letanías de los Santos fue la plegaria cantada, mientras se avanzaba por la nave central, la urna en los hombros de los sacerdotes, para llegar a la tumba, preparada a los pies del Sagrario.
Las oraciones de bendición, la ultima despedida y las palabras paternales de Su Eminencia, fueron bálsamo de esperanza para depositar con devoción, cual siembra de fe, los restos del Alma bendita del Padre Godoy.
Cayendo la tarde, en un silencio elocuente de todos, sin quererse ir, hasta cumplir con la los primeros procedimientos de la sepultura, con los resguardos de madera, hule blanco y cemento, para resguardar con gran honor y respeto al querido Padre Godoy.
Después de su largo y amplio recorrido, su pueblo lo recibe ahora para custodiarlo y comenzar a pedir su intercesión, cerca de Dios, de Maria Auxiliadora, de Don Bosco y de San Benito de Palermo