REFLEXION EN EL DOMINGO XXIX – ciclo a- por el Padre Cándido Contreras

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El Señor Jesucristo nos hace presente la Buena Noticia del amor misericordioso del Padre Dios, con sus palabras y sus acciones. En los últimos domingos hemos venido leyendo y meditando diversas parábolas; hoy se nos propone un episodio de la vida del Maestro, donde sus palabras están enmarcadas en una controversia sostenida con los fariseos y los herodianos. Este episodio ha dado siempre mucho que pensar, hablar y escribir. No pocos se valen de él para que los cristianos nos desentendamos de las realidades políticas y sociales, reduciendo la fe a unos ritos o a la esfera de lo privado.

Los dirigentes religiosos del tiempo del Señor Jesús, querían descalificarlo ante el pueblo y ante los gobernantes romanos; querían presentarlo como un traidor de la nación o un subversivo político; querían que, tanto las palabras como las acciones del Maestro, quedasen en entredicho a causa de su ideología. Con el deseo expreso de acabar con Él, le tienden una trampa a través de una pregunta de tipo político. El pueblo de Israel se sentía oprimido por diversos impuestos; el que tenían que pagar al emperador era uno de los más fuertes tanto a nivel económico como a nivel religioso. Muchos israelitas debatían si era justo pagarle al emperador romano un impuesto sobre la tierra de Israel que, para ellos, era un regalo de Dios; los saduceos, fariseos y herodianos, es decir, los dirigentes político/religiosos de Israel, no veían nada malo en ello; los esenios y los zelotas veían en ello una gran traición a Dios, un pecado, y se negaban a pagarlo.

Para el Señor Jesús lo importante era la instauración del Reinado de Dios; ese evento eliminaría todas las barreras sociales, económicas, culturales y religiosas. Mientras ese Reino se instaura los creyentes debemos ir construyendo fraternidad, en medio de una sociedad hostil de la cual no podemos huir. La injusticia imperante en el mundo lleva a una recaudación de impuestos para tratar de nivelar la sociedad; los romanos, con su aparato gubernamental, garantizaban cierta estabilidad social pero no lo hacían gratuitamente: cobraban por ello. Pero no satisfechos con ello, trataban de inculcar en los pueblos dominados la idea que el emperador romano era dios.

El Señor Jesús, verdadero Dios hecho hombre, con su respuesta tajante: “Páguenle al César lo que es del César, pero denle a Dios lo que es de Dios”, no solamente elude la trampa de estar a favor, o en contra, de una determinada corriente política; Él sitúa las cosas donde deben estar. Los seres humanos, de acuerdo con el devenir histórico, vamos descubriendo diversas formas de convivencia; lo ideal es vivir fraternalmente, ayudándose los unos a los otros; aportando cada uno según su capacidad y recibiendo según su necesidad. Es lo que hemos intentado hacer las comunidades cristianas sin llegar a establecer ese criterio de forma universal.

Para el momento histórico que vivió el Maestro el dominio del imperio romano era tan fuerte, y en años posteriores sería más duro aún, que la única manera de enfrentarlo fue como lo hicieron los primeros cristianos; vivir solidariamente la fraternidad sin adorar ni al emperador, ni a sus otros dioses, pero renunciando a la violencia religiosa, militar, social o económica.

El verdadero cristiano católico, tal como nos lo enseña la Doctrina Social de la Iglesia y que muy bien resalta el magisterio del Papa Francisco, no renuncia a hacer verdadera y auténtica política; busca el bien común por encima del provecho propio; trata de instaurar un nuevo modelo económico no basado en la ganancia individual, en la explotación abusiva e irresponsable de los recursos naturales, en el dominio de los más fuertes sobre los más débiles, sino en el respeto de los unos por los otros. El verdadero político, busca siempre el bien de todos; por esto el auténtico cristiano se esfuerza en ser responsable de lo que es y de lo que hace.

Dios y la política no son dos fuerzas contrarias; la verdadera fe en Dios lleva a un verdadero compromiso por el bien común. Lo que sí es contrario a Dios es la politiquería; esa es la manera de gobernar de quienes basados en la fuerza quieren dominar a los demás en provecho propio; allí no está el Dios vivo; allí impera el demonio.

Pbro. Cándido Contreras (Octubre 2020)

ORACION EN EL DOMINGO XXIX -ciclo a-

Señor nuestro Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre,

te bendecimos, te adoramos y te glorificamos,

porque con tus palabras y acciones nos enseñas

el verdadero camino hacia la felicidad.

Te queremos dar gracias por abrirnos los ojos

para que no adoremos a nada, ni a nadie,

fuera del verdadero y único Dios, Trino y Uno.

Te queremos dar gracias por enseñarnos

el camino de la fraternidad solidaria,

de la mutua corresponsabilidad,

de la verdadera y auténtica política.

Gracias por enseñarnos a ver a los demás

como hermanos y compañeros de camino.

Gracias por alejarnos de la tentación del dominio,

del abuso y de la búsqueda caprichosa del bien individual.

Al mismo tiempo hoy te suplicamos, Señor Jesús,

la gracia de estar atentos a tu enseñanza

y a no evadir las responsabilidades que debemos cumplir.

Danos la gracias de colaborar contigo

en la instauración del Reinado de Dios entre nosotros.

Te imploramos tu gracia sobre nuestra tierra venezolana

y sobre la humanidad entera.

Que podamos erradicar todos los virus, físicos y espirituales,

que nos han enfermado el cuerpo, la mente y el alma.

Danos la gracia de vivir conforme a tu Santo Espíritu

para ser felices ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Pbro. Cándido Contreras (Octubre 2020)