Reflexión en la Solemnidad de Cristo Rey- Padre Cándido Contreras

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La celebración, con la cual nuestra madre iglesia cierra las celebraciones dominicales del año litúrgico, es de reciente data. La establece el Papa Pío XI, en diciembre de 1925; uno de los motivos para celebrarla, es reafirmar el Señorío de Cristo, Rey de reyes y Señor de señores, e invitar a todos los seres humanos a seguir la propuesta traída por Él.

“Cristo Rey” es más que un simple título o una bella devoción; afirmar que Él es nuestro Rey, nuestro Señor, es una opción de vida que transforma a quien la profesa y busca cambiar las relaciones interpersonales basadas en la opresión y el dominio, para que sean fraternas, solidarias y justas.

La Palabra de Dios, que hoy ilumina esta solemnidad, nos presenta a nuestro Rey y Señor como el Buen Pastor que nos busca, incansablemente, para darnos la felicidad en la tierra, como anticipo de la dicha indescriptible que nos tiene preparada en el cielo. La búsqueda de nuestro Buen Pastor tiene como objetivo quebrantar los sistemas sociopolíticos que deshumanizan, esclavizando al ser humano y pretendiendo que el futuro quede en las manos caprichosas de los violentos, deshonestos y corruptos.

El Rey, Buen Pastor, busca construir el paraíso terrenal soñado por Dios al llamarnos a la vida; es una búsqueda que no se le impone a nadie; quien no quiera seguir ese camino es respetado, aunque las consecuencias sean nefastas, tal como nos indica la triste historia que hemos escrito a lo largo de los siglos. El Rey, Buen Pastor, de muchísimas maneras, en las diversas culturas y en la geografía universal ha propuesto la fraternidad, el respeto, la solidaridad, la bondad de unos para con otros, como la auténtica manera de ser felices.

Esta invitación ha sido rechazada en forma general; sólo un pequeño grupo de personas, presentes en todos los siglos y en todos los rincones de la tierra, ha aceptado la propuesta; de ellos no se sabe mucho porque los violentos y rapaces han acallado sus voces. La mayoría de los documentos escritos, monumentales, artísticos, poéticos o musicales, han exaltado a los violentos, a los que, basados en la fuerza, la violencia y las armas, han impuesto su capricho a los demás. La cultura sigue exaltando el egoísmo y el capricho; sigue exaltando a quienes se creen mejores que los demás porque han sido más hábiles para manipular las voluntades y conciencias en beneficio propio. Pero la historia escrita, pero poco documentada, por los no violentos, los pacíficos, los misericordiosos, los limpios de corazón, los perseguidos por ser justos será la que termine triunfando por toda la eternidad

El texto del evangelio, que proclamamos en esta solemnidad, nos habla de un autojuicio en la que la entrada al cielo, a la plenitud de la vida, no es ni un merecimiento y mucho menos una lotería; entrar al Reino “preparado, por Dios, desde la creación del mundo” es una opción que se manifiesta en nuestra manera de comportarnos y tratar a nuestros prójimos. Quien ha hecho el bien en la vida, entra en el Reino; quien se ha guiado por el capricho, el egoísmo, la prepotencia, aunque se haya cubierto de ropajes piadosos, no podrá entrar.

Nuestro Padre Dios NO CONDENA A NADIE; siempre condena el pecado, lo que deshumaniza, lo que destruye y aniquila su amada creación; Él siempre está dispuesto al perdón misericordioso; pero no obliga a nadie a ser feliz. Las personas que quieran vivir en su capricho, que rechacen a sus semejantes, que se aprovechen de los demás, que no quieran vivir como hermanos, no pueden entrar al Reino, al banquete del cielo que no acabará jamás.

Tanto la historia humana en general, como nuestra historia particular, terminará algún día; estemos preparados para que el Señor nos diga: “Vengan, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo”. El Rey de reyes, el Señor de señores, el Buen Pastor, tiene los brazos abiertos para todos.

Pbro. Cándido Contreras (Noviembre 2020)

 ORACION EN LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY  -ciclo a-

Señor nuestro Jesucristo, Buen Pastor, Rey de reyes, Señor de Señores,

de corazón, mente y cuerpo nos postramos adorantes,

y te reconocemos como Dios verdadero, hecho hombre.

Al adorarte, bendecirte, alabarte y darte gracias,

imploramos el don maravilloso de tu Santo Espíritu,

para obedecer tus Palabras y seguir tus Caminos.

Buen Pastor, Rey de reyes y Señor de señores,

estamos sometidos por las propuestas incesantes,

del maligno y maldito enemigo malo,

que no se cansa de hacernos daño,

proponiéndonos el capricho, el egoísmo y la violencia,

como los medios más fáciles, y rápidos, para ser felices;

estamos oprimidos por quienes, creyéndose dueños de todo,

pretenden hacer siempre lo que les viene en gana,

sin importarles el dolor, las lágrimas y la angustias ajenas.

Señor Dios, Buen Pastor, Rey de reyes y Señor de señores,

imploramos tu Divina Misericordia y te suplicamos:

“Venga a nosotros tu Reino de justicia, paz y libertad;

venga a nosotros tu Reino de amor, misericordia y perdón;

venga a nosotros tu Reino de honestidad, trabajo y solidaridad”.

A ti Buen Pastor, Rey de reyes y Señor de señores,

la gloria, el honor y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.

Pbro. Cándido Contreras (Noviembre 2020)