Seminario de Mérida realizó II Jornada de Misericordia en el hospital IAHULA

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Pedro Andrés García Barillas/Seminarista

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para salir al encuentro de los necesitados. Los cristianos que de verdad sienten el compromiso con Dios de brindarle la mano a sus hermanos son capaces de organizarse, salir de sus comodidades, desprenderse de algún bien material y encaminarse a esos sitios que tienen mayor necesidad. 

Iluminados por la Palabra de Dios, la comunidad del Seminario Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida estuvo presente en el Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA) con su segunda «Jornada de Misericordia» actividad con la que se hace presencia eclesial en éste centro de salud tan necesitado de generosidad.

Este tipo de eventos los anima la directiva del Comité de Seminaristas y Formandos Religiosos de Venezuela (COSEFORVEN) con lo que se busca la integración y mayor participación de los vocacionados en las diferentes formas de hacer realidad el Evangelio, sobre todo desde la vivencia de las obras de misericordia como lo son el visitar a los enfermos, consolar a los tristes, dar buen consejo a quien lo necesite, dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento. 

La Jornada de Misericordia consistió en la visita a los enfermos para llevarles la Palabra de Dios, es por eso que, por todos los ambientes del hospital, hicieron presencia los jóvenes seminaristas llevando un mensaje de esperanza y sobre todo conociendo las diferentes realidades de los pacientes y familiares, oportunidad privilegiada para formar a los futuros sacerdotes según las exigencias de la actualidad.

A las 5:00pm se convocó al nivel plaza del hospital, donde se inició la  santa misa que estuvo oficiada por el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida, Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz, quien afirmó que es necesario tener primero una buena salud espiritual para saber sobrellevar las enfermedades del cuerpo, que se convierte en un verdadero Viacrucis donde es preciso saber abrazar la cruz y llevarla con todo el entusiasmo de saberse asistido por la fortaleza que da Dios.

El obispo recordó el trabajo tan admirable que realizan los médicos y enfermeros de los hospitales, donde se ven cruzados de brazos ante tanta escasez de medicamentos y materiales especializados, pero que sin embargo hacen lo posible por salvar las vidas que les son confiadas.

El Seminario de Mérida ha tenido su presencia constante en este centro asistencial, pues se encarga de coordinar la Pastoral de la Salud, donde se trabaja uniendo esfuerzos con diferentes grupos de apostolado y miembros de las comunidades parroquiales de la ciudad. 

Ya al finalizar la tarde, una vez concluida la santa misa, se distribuyeron los alimentos preparados por los seminaristas. Pacientes y familiares recibieron agradecidos este pequeño detalle de caridad. 

Los sacerdotes del equipo formador acompañaron con su valiosa participación, pues pudieron suministrar los sacramentos que los pacientes requerían, como bautismos, confesiones y unción de los enfermos.

El Seminario de Mérida agradece a Dios por permitir este tipo de actividades y se ve impulsado a motivar a los diferentes órganos competentes para que, desde la organización y la unión de esfuerzos se pueda dar solución a las necesidades de aquellos que en estos momentos están desfavorecidos.